MITOS Y VERDADES

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Mito: La publicidad ya está regulada en Colombia, por lo que no puede decir mentiras.

 

La normativa vigente sobre regulación de publicidad en Colombia (Ley 1480 de 2011 y Decreto 975 de 2014) no es lo suficientemente amplia para proteger los derechos de los niños, niñas y adolescentes porque:

  • Aunque va en línea con el principio de honestidad y veracidad para la publicidad de alimentos que establece la Cámara Internacional de Comercio (2012), es insuficiente para una protección efectiva de los derechos a la salud y la alimentación adecuada de niñas, niños y adoelscentes (Guarnizo, 2017).
  • No establece restricciones específicas sobre el tipo de productos que pueden ser publicitados a niños, niñas o adolescentes, tal como lo establece la OMS (Guarnizo, 2017).
  • Además del excesivamente bajo estándar de protección que establece el Decreto 975 de 2014, éste no ha mostrado ser efectivamente implementado. De acuerdo con el mismo decreto, la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC), las alcaldías municipales y las demás autoridades con competencias de protección al consumidor son las encargadas de tramitar las quejas relacionadas con los derechos como consumidores de los niños, niñas y adolescentes. Aunque el decreto entró en vigencia en julio de 2014, aún no se conocen casos de implementación de esta norma (Guarnizo, 2017).
  • Permite que los productos comestibles ultraprocesados digan solo una parte de la verdad, mientras que pueden sugerir que son saludables sin serlo realmente. Por ejemplo, les permite incluir imágenes de alimentos naturales en el etiquetado, empaquetado y material promocional, aun cuando tengan cantidades mínimas o insuficientes de dichos alimentos naturales. En contraparte, no exige que digan claramente si son altos en azúcares, sodio o grasas, o si tienen edulcorantes u otro tipo de aditivos dañinos para la salud.
  • No pone ninguna restricción en cuanto al uso de personajes infantiles o incentivos tipo premios o concursos que fomentan el consumo habitual de productos comestibles no saludables. Así las cosas, cuando se dan este tipo de estímulos por la compra de un determinado producto, logran influir en la decisión de compra de un niño o niña que todavía no tiene las herramientas para reconocer si los alimentos o bebidas que promocionan los medios de comunicación son nutritivos y buenos para su salud.

Mito: Muchos platos típicos colombianos contienen más calorías que una gaseosa y una porción de cereal de caja.

 

  • Los altos contenidos de azúcares que están presentes en una gran cantidad de productos comestibles ultra-procesados altera el metabolismo corporal, afectando la producción de insulina, la acumulación de grasa corporal, el colesterol y diversos metabolitos que causan un incremento de la presión arterial y de los procesos inflamatorios, que es el primer paso para la aparición de muchas enfermedades crónicas o de larga duración. Estos cambios biológicos incrementan el riesgo de diabetes, enfermedad cardiovascular, caries dental y enfermedad hepática (Malik et al, 2015; Malik et al, 2010).
  • Las calorías provenientes de bebidas azucaradas y productos comestibles ultra-procesados no pueden ser comparadas con las Calorías obtenidas en los alimentos no procesados, los cuales aportan adicionalmente, otros macronutrienes y adicionalmente micronutrientes, fundamentales para promover la salud a largo plazo (U.S. Department of Health and Human Services and U.S. Department of Agriculture, 2015)

Mito: Los productos comestibles ultra-procesados no son las culpables. La falta de actividad física y las dietas inadecuadas son las verdaderas responsables. El control del peso corporal es un asunto de “calorías que se ingieren vs. calorías que se queman”.

La evidencia muestra que la actual epidemia de obesidad, se debe principalmente a un incremento de la ingesta calórica, (Hall et al 2011) la cual se ha dado a expensas de productos comestibles ultra-procesados (Mendonça et al, 2016; Louzada et al, 2015; Canella et al, 2014).

  • La evidencia científica proveniente de múltiples estudios epidemiológicos, indica que la reducción del consumo calórico es más efectiva para evitar la ganancia de peso, que el incremento del gasto calórico proveniente de la actividad física (Schwingshackl et al, 2014; Rabkin et al, 2015).
  • La actividad física tiene grandes beneficios para la salud, pero no debe ser utilizada como una manera de incentivar el consumo de bebidas azucaradas.
  • Existe un amplio consenso científico acerca de los múltiples efectos nocivos que tiene para la salud el consumo excesivo de azúcar (WHO, 2015). Debido a esta situación, la actividad física no puede contrarrestar todas las consecuencias negativas derivadas del consumo de productos que contienen azúcares libres

Mito: La industria está haciendo un gran esfuerzo en reformular sus productos, disminuyendo los niveles de sodio y eliminando las grasas trans en sus productos. Estos procesos de reformulación, también incluyen la fortificación de los productos con varios micronutrientes que tienen beneficios para la salud.

  • La reformulación asume que la modificación en el contenido de moléculas o nutrientes va a generar productos saludables. Esta estrategia es utilizada por la industria para promocionar sus productos, a través de declaraciones de salud engañosas. Por ejemplo, muchos cereales listos para el consumo declaran no contener grasas trans, pero sus niveles de azúcares libres son muy elevados (Scrinis et al, 2017).
  • A la fecha, no existe evidencia científica que sustente que el consumo de nutrientes en forma aislada o ‘nutrientes aislados’ puedan contribuir a la nutrición y salud de las personas, con la misma efectividad que el consumo del mismo nutriente cuando este hace parte naturalmente de un alimento (Ministerio de Salud de Brasil, 2015).La evidencia muestra que las necesidades nutricionales deben ser cubiertas principalmente a partir de alimentos con alta densidad nutricional, es decir, por medio de alimentos reales como frutas, verduras, leche, etc., los cuales contienen Calorías, proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas, minerales y fibra, que tienen efectos positivos en la salud (U.S. Department of Health and Human Services and U.S. Department of Agriculture, 2015).
  • Algunos estudios sugieren que diversos aditivos utilizados en los productos comestibles ultra-procesados, como los emulsificantes puede afectar la microbiota, incrementando el riesgo de colitis crónica y síndrome metabólico (Chassaing et al 2015). Así mismo, otros aditivos que resaltan los sabores, pueden propiciar un consumo compulsivo del producto (Scrinis et al, 2017).
  • Diversas estrategias de reformulación implementadas por la industria, disminuyen un componente que es nocivo, por otro que genera igual o más daño. Esto ocurre cuando las grasas son remplazadas por azúcares libres o las grasas trans son reemplazadas por las grasas saturadas (Mathias et al 2015).

Mito: La publicidad no es la que influye en lo que comen los niños, niñas y adolescentes, son los padres y madres los únicos responsables de lo que comen sus hijos e hijas.

 

  • La industria de productos comestibles ultra-procesados invierte billones de dólares a nivel global en estrategias de publicidad dirigidas a influenciar a las personas para que adquieran sus productos y, sin embargo, la culpabiliza por no tener control en sus patrones de consumo. Estas estrategias de mercadeo y publicidad afectan de una manera significativa la toma decisiones de las personas, al generar un ambiente alimentario caracterizado por el predominio de opciones no saludables, limitando el nivel de autonomía de las personas (Barnhill et al, 2013).
  • La población infantil es extremadamente vulnerable al mercadeo de alimentos y bebidas no saludables. Desde el punto de vista del desarrollo, las niñas y niños no reconocen las intenciones comerciales que existen detrás de las estrategias de mercadeo, carecen de conocimiento nutricional y están altamente motivados en recibir gratificación inmediata, sin sopesar las consecuencias que tienen los comportamientos a largo plazo (Mora y Gómez, 2017).
  • La información actual que da el etiquetado, empaquetado y publicidad de productos comestibles ultraprocesados es difícil de entender aún para los adultos, justamente porque la regulación actual permite que puedan poner imágenes de alimentos naturales que los hacen parecer saludables y que puedan resaltar cuando tienen nutrientes agregados, sin que se les exija declarar de manera clara cuándo son altos en azúcares, sodio o grasas, o si tienen edulcorantes u otro tipo de aditivos dañinos para la salud. Además de que el común de las personas desconoce que NO existe evidencia científica que sustente que el consumo de nutrientes en forma aislada contribuye a la nutrición y salud de las personas, con la misma efectividad que el consumo del mismo nutriente cuando éste hace parte naturalmente de un alimento.
  • La población infantil tiene cada vez más autonomía en sus gastos de bolsillo. Esto es particularmente notorio en el caso de las tiendas escolares.
  • Las tácticas de mercadeo de compra de productos, como su ubicación a la altura de los ojos de los niños, el empaque atractivo y el uso de juguetes como incentivo, aumentan el deseo inmediato de adquirir los productos e incrementan la presión de los padres para comprarlos (Mora y Gómez, 2017).
  • La población infantil consume más los productos promocionados y desarrollan preferencias perdurables para ellos, los cuales juegan un papel en la formación de su identidad propia y hábitos alimentarios de por vida (Mora y Gómez, 2017).